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Cosas
Hay cosas en la vida que no se eligen, que simplemente son y realmente no hay una explicación para ello.
Hay cosas que llegan solas y sin darte cuenta. Van creciendo y creciendo aunque no quieras. Es algo fuera de control, algo inmanejable. Tampoco es fácil percibir cómo es que surgen y por qué. No hay explicaciones, no hay excusas; no hay nada.
Y así pasa el tiempo, y te das cuenta que no hay marcha atrás, que tu vida ya no será la misma, sin importar lo que hagas. Ya no serás la misma persona, aunque sea casi imperceptible para el resto el cambio.Tú lo sabes y eso es suficiente.
Y es así como sigues y sigues... pero llega un momento en el que estas cosas, que tal vez ni siquiera quepan en la categoría de buenas o malas, comienzan a tomar el control, comienzan a no ser tan pequeñas... y te influyen más de lo que desearías, más de lo que necesitas.
¿Y qué haces? Dejarlas durmiendo.; acabar con ellas sería imposible. Lo sabes y tienes resignación. Adormecerlas, obviarlas, dejarlas guardadas. Tratas día a día, luchas mañana a mañana diciéndote que ya es suficiente, que finalmente te está afectando todo, que está manejando más tu vida de lo permitido. Es una batalla constante. Y parece que la estás logrando, Sí, es difícil, es cansador, pero a la larga es lo mejor; es lo más sano.
¿Destino? No, no hay destino. No existe. Son nuestras propias acciones las que construyen nuestra vida, nuestro futuro. Sí creo que hay ayuda y compañía blanca, pero ella no puede escribir nuestras historias. Cada uno lo hace.
Estás a punto de sentir que el sueño se ha hecho parte de esas cosas, que se han calmado, que descansan en algún lugar pero sin molestarte. Todo parece estar bien y tranquilo.
Bang! situaciones, acontecimientos, más cosas... ¿y qué pasa? Todo y nada. Nada porque realmente son cosas externas, cosas que son, cosas que no existen. Imaginación, hipérboles mentales.
Todo. Sí, todo porque despertó lo que habías estado con tanto esfuerzo durmiendo. Caes, vuelves, atrás, adelante.
Habías tratado de salir de ese túnel que te estaba ahogando; lo estabas logrando. ¿Y qué? Todo, nada.
De vuelta, como antes. Amargo despertar. El despertar en sí es hermoso, porque en la mañana el sol está saliendo y sabes que un nuevo día viene, que hay posibilidad de cosas hermosas. Y entonces, ¿por qué amargo? Amargo porque te causa espejismos, espejismos que tarde o temprano se irán, se desvanecerán. Y mientras hayan durado habrán dado una sensación de placidez, pero cuando acaben... cuando acaben todo será nada nuevamente. Y el sol no habrá traído calor, solo habrá estado ahí de adorno o alumbrando en otro lugar. A ti no. Aunque también puede que hayan sido reales... pero no, porque en el desierto casi todos son espejismos. Esa es la ley.
Todo fue en vano. Todo fue una cura momentánea. Todo lo que hiciste, todo lo que luchaste no sirvió. Porque el sueño que tienen aquellas cosas es ligero y ellas se despiertan al menor ruido, aunque éste venga disfrazado de silencio.
¿Para qué hacerlas dormir si sabes que van a despertar? ¿Vale la pena agotarse tanto tratando de hacerlo y a penas lograr descansar un segundo antes de que vuelvan?
Si tan solo despiertas no afectaran, si tan solo hicieran bien o por lo menos no hicieran nada. Pero no, estas cosas no son así. Nunca lo han sido y nunca lo serán. Te hacen sentir viva, pero te hacen fallecer a la vez.
Vivir con espejismos
Morir con realidades
Morir, dormir
Vivir, despertar
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